Presencié una de sus charlas, en la cual destaco su consideración por las llamadas "malas palabras". Expresó que hay situaciones en las que las palabras "aceptadas" o "bien vistas", como recórcholis o cáspitas, no expresan con precisión la intención (ya sea de alabanza o insulto) del hablante o del escritor.
Las malas palabras no pueden ser reemplazadas, porque están cargadas de significados y contenidos.
En su libro "La Canción de las Pulgas", las pulguitas divirtiéndose, dicen una "mala palabrita" al final de la canción, cuando mamá pulga trata de disuadirlas, las pulguitas ingeniosamente vuelven a entonarla.





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