Hasta Navidad creía que la vida era un sueño.
Te conocí y sentía que la vida era solo el presente.
Al iniciar el año me hiciste reflexionar y llegar a la conclusión que soñaba despierta y cuando abría los ojos sufría.
De a poco dejaré de idealizar.
No construiré más castillos en las nubes pero todavía creo en las hadas.
Sos libre hasta de tus pensamientos, casi un Buddha... Perdón por mi ego, no me gusta que te vayas.
Y Gracias, entre tanto por dejar de fotografiar la luna con la miel.
Yo también me voy... de tu lado pero con un montón de preguntas en las que también podrías ayudarme.
Al reencontrarnos (siempre existe esa posibilidad) ya no seremos los mismos.
sábado 10 de enero de 2009
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